Ya he escrito varias entradas hablando de la época colonial. Tenía pendiente escribir sobre esos personajes que eran malos malos, que pasaron a la historia por ser absolutamente malvados. He podido establecer un ranking de los tres españoles más malosos. Tanto era así que instauraron lo que hoy se conoce como el Régimen del Terror.

El primero de ellos pertenecía a una familia con tradición militar y trabajaba como profesor en la Academia Militar de Barcelona. Juan de Sámano se cuenta como el último virrey de la Nueva Granada, aunque no fue hasta finales del siglo XVIII cuando le sobrevino la aventura americana, momento en que fue trasladado a Cartagena de Indias como teniente. Tuvo que volver a Europa, donde luchó contra la causa revolucionaria, quedando malherido, lo que le ocasionó una cojera para toda la vida. Sin embargo, esto le valió el grado de capitán, y volvió a la Nueva Granada como gobernante de Riohacha.

Sámano (Fuente: Google)

El Virrey Amar y Borbón lo llamó a palacio solicitando su ayuda en la represión contra los criollos, que en esa época ya comenzaban a buscar la independencia. Aquí ya sería coronel, estando al mando del batallón de línea auxiliar de Santafé de Bogotá. Sin embargo, el 20 de julio de aquel 1810, Sámano permaneció encerrado en su cuartel, pues su segundo de a bordo, el teniente José María Moledo, era afecto a la causa independentista. De hecho, al día siguiente, Sámano fue relevado de cualquier cargo y en su sustitución se puso a Moledo. Sámano fue expulsado del país rumbo a España, junto a los Virreyes. Desde ese momento, supo que habría de volver a estas tierras, así fuera por desagravio.

En España se le encargó pacificar Quito y, desde allí, comenzó su ascenso hacia el norte del continente, con el fin de reclamar Cundinamarca para España. En su primera incursión no tuvo éxito, pues fue derrotado por los ejércitos de Antonio Nariño en el sur del país. Sería en la segunda ocasión cuando consiguió hacerse con el poder, alrededor del año 1816.

Fue recibido en Santafé de Bogotá por Pablo Morillo, quien le dio la bienvenida recibiéndolo con el título de comandante general de la Nueva Granada. Sámano dedicó el resto de sus días a ejercer la más dura represión sobre el pueblo. Fueron tres sus objetivos principales: ejecutar a todos los rebeldes, juzgar a los insurgentes que no merecían la pena de muerte y embargar los bienes de los afectos a la causa independentista. Así, bajo su mando fueron asesinados prácticamente todos los próceres de la patria, algunos de cuyos restos pueden venerarse hoy en la Iglesia de la Vera Cruz, en Bogotá. Entre ellos estaban Camilo Torres, Francisco José de Caldas, José María Carbonell, Jorge Tadeo Lozano, Policarpa Salavarrieta, Antonio Baraya y otros españoles que se habían unido a las tropas americanas.

Cuando los españoles fueron derrotados en la Batalla de Boyacá, Sámano tuvo que salir hacia Cartagena de Indias, donde tomaría un barco que le llevó a Panamá. Allí, enfermo y viejo, le sobrevino la muerte en 1821, por lo que nunca pudo volver a pisar suelo español.

El segundo en discordia es el teniente Pablo Morillo. A la temprana edad de 13 años comenzaba su carrera militar como soldado de infantería de marina. En esa época, el ejército español luchaba contra los insurrectos, pues las ideas de la Revolución Francesa ya habían traspasado fronteras. Más adelante tuvo especial reconocimiento en la batalla del cabo de Trafalgar, después de la cual se unió a las milicias destacando su participación en la Guerra de Independencia.

Pero la etapa de su vida por la que quiero mencionarlo llega ahora. El Rey Fernando VII, como parte de recuperación de su poder absolutista, encomienda a Morillo la “expedición pacificadora”, con la que pretendía aplastar a los rebeldes y recuperar las tierras sublevadas de América Latina, muchas de las cuales ya habían firmado actas de independencia. Llegó a la Nueva Granada en 1815, justo a tiempo de sofocar el Sitio de Cartagena. Contaba con los recursos necesarios para ello, pues de España salió con 65 buques, casi 15.000 efectivos entre infantería, caballería, artilleros, ingenieros y personas dedicadas a otros servicios. Todo eso le ayudó a recuperar las tierras para el rey.

Pablo Morillo (Fuente: Google)

Sin embargo, en 1817 debe partir hacia Venezuela a extinguir otros puntos de rebeldía, momento que aprovecha Simón Bolívar para entrar en la Nueva Granada y ganar a los españoles en la Batalla de Boyacá. Morillo se ve obligado a firmar un armisticio con los neogranadinos y, poco después, regresa a España.

Nuevamente en el reino es nombrado Capitán General de Castilla la Nueva y se le encomendó estar al mando de otras batallas que tuvieron lugar en los últimos días de Fernando VII. A la muerte del monarca, participó en la Primera Guerra Carlista y murió en 1837, en Francia.

Este militar, que fue condecorado hasta en 11 ocasiones, nunca recibió todos sus salarios ni pensión. Solicitó su retiro 16 veces a lo largo de su vida y, una vez que le fue concedido, volvieron a llamarle para luchar. Su mujer y sus hijos quedaron sumidos en la pobreza, pues, al no recibimiento de pensión alguna, hubo que sumar la expropiación de todos sus bienes que llevaron a cabo los partidarios del Régimen Absolutista.

El tercero y causante en primera instancia de los hechos ocurridos bajo el Régimen del Terror, fue el Rey de España, Fernando VII, uno de los monarcas peor tratados de la historia de España. Fue a él y a su padre a los que Napoleón engañó en lo que se conoce como las Abdicaciones de Bayona, en las que abdicaron a favor del hermano de Napoleón, José Bonaparte, sin saberlo, y quedaron presos en Francia durante seis largos años. No tardaría en estallar la Guerra de Independencia con los levantamientos del 2 de mayo de 1808, en la que los españoles se negaban a ser reinados por un dirigente francés.

Fernando VII (Fuente: Google)

En ese contexto, se reunieron las Cortes de Cádiz y aprobaron la Constitución de 1812, que consideraba a Fernando como su rey legítimo. Ese mismo año, Fernando VII pudo volver a su trono recuperando todos sus territorios y propiedades. Sin embargo, y contrariamente a lo que cabía esperar, no aprobó las acciones de las Cortes de Cádiz y reinstauró el Régimen Absolutista que reinaba en España antes de su partida. Y no solo se conformó con perseguir a los liberales: también fueron castigados los afrancesados. Trató de recuperar los territorios sublevados de América en lo que se conoce como Régimen del Terror, enviando para ello a Juan de Sámano y Pablo Morillo, apodado por esta campaña, El Pacificador.

Parecía que tenían éxito, pero finalmente sucumbieron a las fuerzas revolucionarias. El rey no desistía, y en 1820, un año después de la derrota final, preparó un contingente en Cádiz que debía salir rumbo a América. Sin embargo, este ejército, a las órdenes de Rafael de Riego, se sublevó en su contra y Fernando VII se vio obligado a firmar la Constitución.