Los españoles estuvieron mucho tiempo como gobernantes de estas tierras. En esos años, aprovecharon para traer varios artículos.

Entre las cosas buenas destacan el urbanismo, con todas las técnicas y desarrollo de infraestructura que eso supone, como la construcción de palacios, edificios de gobierno, monasterios, iglesias, hospitales, universidades, calles, plazas, alcantarillado, puentes, puertos, canales, acueductos. Obras de ingeniería militar, como el fuerte de San Felipe de Barajas, en Cartagena.

También exportaron la estructura política, con órganos de gobierno, leyes, sistema económico y financiero. A Santafé de Bogotá, incluso, se trajeron máquinas para acuñar moneda, que aun hoy existen. El idioma, con la escritura y la gramática. Con él pudieron desarrollar más las universidades y difundir la religión, otro de los elementos importantes que trajeron al Nuevo Mundo. Las técnicas de explotación de minas, hidráulicas para el riego de campos, decorativas y artes plásticas (tapices, esmalte, joyería, vidrieras, pintura, escultura), tejido.

Algunos instrumentos o materiales útiles, como el hierro, con el que pudieron hacer estructuras e incluso arte más sólido, cerámica, la imprenta, instrumento decisivo en la lucha por la Independencia. El calendario, instrumentos de navegación, brújulas, la cartografía, las armas y la pólvora, desconocidas por los indígenas. El lino o el cáñamo, útiles para tejer ropas.

A América llegaron también conocimientos en campos como la medicina, la música o la aritmética, heredados de los antiguos europeos y confiados a las universidades. No en vano, en las primeras instituciones educativas de América, los profesores eran españoles o americanos con estudios en Europa.

Los españoles se trajeron alimentos que eran desconocidos en América, como el trigo y la cebada, que se utilizan para hacer pan. Encontraron, a su llegada a América, una especie de pan de sal que cocinaban los muiscas, pues no conocían el trigo. También se trajo avena, centeno y olivos, aptos para el crecimiento en determinadas zonas del país, y con los que consiguieron aceitunas y aceite. Algunas verduras y legumbres, como las lentejas, la lechuga y las coles, los rábanos, los espárragos y las zanahorias.

Viñedos en Colombia (Fuente: Google)

Aunque parezca extraño, también trajeron los españoles la caña de azúcar, que utilizaron para obtener azúcar y para la implementación de procesos de destilación, algo que a los peninsulares se les daba muy bien, y con los que consiguieron bebidas como el ron. En cuanto a bebidas, también se logró un vino bastante aceptable después de traer vides. Los vinos del país se pueden probar hoy en la región de Boyacá. Obviamente, si consiguieron vino, también había vinagre.

Tampoco había en esta tierra abundancia de críticos, como los limones o las naranjas, tan famosas en España. Las manzanas no eran una fruta común, de ningún color. Hoy, siguen siendo productos de importación.

No se debe olvidar a los animales, claro, más porque los españoles les encontraban utilidad que por introducir algo nuevo en la Nueva Granada. Destacan las vacas, esenciales por la carne y la leche; las gallinas, los caballos, que servían como animales de carga y transporte, las ovejas, útiles por su lana y los cerdos, esenciales en la dieta de todo español que se precie (¿quién no echa de menos un jamoncito?). Algunos animales tan comunes hoy en día como los perros y los gatos, también eran originarios del Viejo Continente. Igual que los toros, que hubo que traer para no perderse las corridas.

Dada la cercanía y el contacto, tanto comercial como cultural, que se desarrolló entre Europa, Asia y África; los españoles trajeron consigo muchos productos que, si bien no eran originarios de España, ya eran comunes, pues los importaban con mucha facilidad. Entre ellos hay que mencionar algunos tan comunes en las comidas como el arroz, la canela, el anís, la cebolla. Algunas especias como el cilantro, el romero, el orégano, el jengibre e incluso el azafrán, tan útil en las paellas. Productos de seda, marfiles y frutos secos como las almendras, las nueces o las ciruelas pasas también eran productos importados, así como el café, que para sorpresa de muchos, no es originario de Colombia.

Además de esto hay que contar los ritos y costumbres europeas, que la sociedad neogranadina fue adoptando poco a poco.

Después de tanto tiempo de contacto y traer tantas cosas buenas, alguna mala tenía que caer: las enfermedades. Viruela, gripe, sarampión y tifus, son algunas de las plagas que acabaron con la vida de los indígenas. Los nativos, al haber estado tanto tiempo sin contactar con otras gentes, no habían desarrollado ningún tipo de inmunidad, y las enfermedades se extendieron rápidamente. Por ejemplo, en Santo Domingo, se calcula que murió el 90% de los habitantes originales de la isla.

Tratando de buscar un remedio, se propuso la traída de africanos como esclavos, pues los españoles pensaban que serían más resistentes que los indígenas al trabajo. Sin embargo, con ellos llegó la malaria, que aun hoy es un problema grave.