Es una de las conocidas como culturas doradas de la Colombia prehispánica. Habitaron en el Altiplano Cundiboyacense, entre los años 1200 y 1538. De todas las precolombinas, la cultura muisca fue la más avanzada en cuanto a organización política y social, pues tenían leyes, religión, arquitectura, lengua y manifestaciones artísticas propias.

En 1538, los españoles encontraron una sociedad perfectamente estructurada en cinco federaciones, cada una formada por 25 tribus. Las federaciones eran independientes unas de otras y tenían sus propios gobiernos. La sociedad estaba jerarquizada en estamentos claramente diferenciados, que iban desde los sacerdotes y jefes (zaques o zipas), hasta los esclavos, pasando por comerciantes, artesanos,  agricultores y mineros.

Mina de sal de Nemocón

Los muiscas ganaron reconocimiento sobre los demás grupos del territorio debido a que poseían control sobre las minas de sal de Zipaquirá y Nemocón. Esto les permitió conseguir un avance considerable en cuanto a conservación de alimentos y les dio una importante ventaja competitiva a la hora de comerciar con otras tribus. De hecho, los muiscas acudían a los tres grandes mercados que se desarrollaban en la época: Bacatá (Bogotá), Chocontá y Hunza (Tunja). Solían comerciar con tribus de los llanos y de la costa (Tayronas). Ellos cambiaban productos de primera necesidad, como sal, maíz, miel o frutas, por otros más lujosos, como el oro, esmeraldas o el algodón, que transformaban en bonitas piezas de orfebrería y textiles, que revendían en el mercado.

Llegó a tal punto su pericia en el comercio que los muiscas desarrollaron medios contables, pues diferenciaban el producto inicial del final, con el valor agregado que este conlleva. En el caso de no utilizar el trueque, los muiscas usaban unas monedas de oro llamadas tejuelos.

Otra muestra de su avance cultural fue el código Nemequene, que se transmitía oralmente y que contenía las leyes por las cuales se regían los muiscas. Algunas de estas ordenanzas incluían la condena a muerte a aquellos que cometían delitos como el asesinato, el hurto, el soborno o la violación.

El vestuario de los muiscas se basaba en mantas de algodón, ruanas o ponchos, debido al clima frío en que habitaban. Las prendas, que ellos mismos tejían, eran coloreadas con tintes vegetales. Como anécdotas interesantes, cabe mencionar que cuando se trataba de acudir a una fiesta, adornaban sus ropas con piezas de oro y, para acudir a un funeral, se vestían de color rojo.

La arquitectura muisca no era tan impresionante como la de otras culturas precolombinas, como los aztecas o mayas. Era una arquitectura netamente doméstica debido a que los grandes acontecimientos tenían lugar en lagunas. Los muiscas no utilizaban la piedra como material de construcción, sino la caña y el barro, con los que hacían los muros, llamados bahareque. Las casas solían tener forma circular o rectangular.

Laguna de Guatavita

Además de todo esto, los muiscas son reconocidos, sobre todo, por dos cosas, que están relacionadas entre sí:

En primer lugar, el arte. Este, lo manifestaron a través de alfarería, cerámica, y arte rupestre, que puede verse en lugares como Facatativá, donde dibujaban los acontecimientos más importantes de su historia. Y, por supuesto, exhibieron su arte a través de la orfebrería, actividad que les ha dado fama mundial. Fabricaban todo tipo de figuras y joyas con forma humana o animal, que fueron muy codiciadas en los mercados de la época y que hoy pueden verse en el Museo del Oro.

En segundo lugar, la religión. Los muiscas adoraban a varios dioses, entre los que destacan Sue (sol) y Chía (luna). Los ritos y ceremonias que hacían parte de su religión tenían lugar en las lagunas, donde iban a celebrar sus ofrendas. Para estas ocasiones, los sacerdotes solían mascar coca o tabaco y poder, así, entrar en trance.

Uno de los mitos más importantes que nos recuerdan a esta cultura es El Dorado, conocido a nivel internacional. La “ceremonia del indio dorado” consistía en la toma de posesión en el cargo del cacique y tenía lugar en Guatavita. El futuro jefe, se cubría el cuerpo con polvo de oro y se transportaba hasta el centro de la laguna, lugar en que se bañaba. Cuando salía del agua, lo hacía ya como cacique.

Pieza de alfarería muisca, en el Museo del Oro

A pesar de que fueron los españoles quienes, en 1538, acabaron con la vida de Sagipa, el último Zipa; no consiguieron destruir la cultura muisca. Muestra de ello son todos los vestigios que nos quedan hoy en día de esta cultura. Por ejemplo, el juego del tejo, con el que los muiscas celebraban torneos. Palabras de origen chibcha, el idioma en que se comunicaban los muiscas, quedan en el español actual que se habla en Colombia. Algunas de estas son curuba y uchuva (frutas) y nombres de ciudades, ya que los españoles solían combinar una parte del nombre en español y otra en chibcha. Un ejemplo claro de ello es “Santafé de Bogotá” (Bacatá). También quedan descendientes de los muiscas, quienes se organizan en torno al Cabildo Mayor del Pueblo Muisca.

Espero que se mantengan las costumbres y tradiciones , (cuando menos, la memoria),  del pueblo muisca en la medida de lo posible, ya que son un gran aporte a la riqueza cultural de este país.

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