Ayer fue en Bogotá el “Día por el Aire Limpio”, comúnmente llamado “Día sin Carro”. Entre las 6:30 de la mañana y las 7:30 de la tarde, solo pudieron circular por las vías bogotanas los vehículos relacionados con servicio público, como taxis, autobuses, Transmilenio, ambulancias o policía. Es decir, se calcula que alrededor de más de un millón de vehículos particulares quedaron aparcados.

Fuente: Google

Y la iniciativa no es nueva, pues según me contaron, éste es el décimo año que se realiza. Fue en el año 2000 cuando el entonces Alcalde Mayor, Enrique Peñaloza, promovió este Día. A través de un referéndum que fue considerado como una de las actividades mundiales demayor participación ciudadana, se consiguió prohibir, al menos durante un día al año, la utilización de vehículos particulares en toda la ciudad. Esto, quiere decir, que para eliminar esta actividad también se tiene que preguntar a los ciudadanos.

Realmente se nota la diferencia con respecto a un día normal: los niveles de ruido bajan considerablemente: ayer no fue constante el ruido lejano de las bocinas, de los arrancones, de los motores, etc. Se notó la calma y la mejor circulación del aire.

Por supuesto, la iniciativa también tiene sus detractores y personas que, aun conociendo el valor de la multa (unos 100 euros), se atrevieron a desafiar la ley y salieron de su casa en coche: afortunadamente, son los menos, y se vieron poco gracias a la gran aceptación que tiene el Día.

Voy a dejar algunos datos del Día sin Carro, para que se convenzan, un poco más, de que la medida es tan buena que debieran copiarla en otras ciudades y, en esta, llevarla a cabo al menos dos veces al año:

¿Qué hemos ganado los habitantes de esta ciudad con en este Día?

Fuente: Google

-          Reducir las emisiones contaminantes que van al aire de Bogotá, pues se sabe que un 50% de estas provienen de vehículos con motor diesel.

-          Disminuir el tiempo de los trayectos gracias al aumento en un 15% de la velocidad en los desplazamientos con respecto a un día normal.

-          Reducir la contaminación en la ciudad que tiene como fuente los vehículos, ya que desciende en un 44% en el caso del monóxido de carbono, un 19% los niveles del ozono y un 49% de dióxido de azufre y de nitrógeno, así como un 18% de material particulado.

-          Reducir los niveles de polvo, humo y hollín.

-          Disminuir la tasa de mortalidad de menores de edad por afecciones respiratorias.

-          Reducir los accidentes de tráfico.

-          Aumentar el uso de la red de 354 kilómetros de ciclorrutas en un 60%.

Y todo eso, teniendo en cuenta que ayer estuvo funcionando el transporte público, es decir:

-          La flota de Transmilenio, que cuenta con más de 1.000 autobuses y más de 500 alimentadores, que recorren la ciudad de norte a sur y de este a oeste.

-          52.000 taxis y 20.000 autobuses y microbuses.

Hay que saber que los bogotanos realizan al día una media de 7 millones de viajes y que el número de coches en Bogotá aumenta anualmente en 60.000 vehículos. Vale la pena tomar conciencia de lo que mejoraría el medio ambiente y nuestra propia salud si utilizáramos más el transporte público.

Desde mi punto de vista, es simplemente fantástico: lograr que una ciudad con más de 8 millones de habitantes funcione solo con transporte público o medios de viaje alternativos es increible. Me parecía casi imposible, pero se consigue, incluso siendo un día laboral. Esto prueba que todos podemos llegar a nuestros destinos diarios utilizando el transporte público o medios alternativos, por lo que se pueden ir dejando a un lado las excusas que no nos dejan montar en un autobús y dejar el coche en casa.

Ojalá no quede como un Día sin Carro sino como un día de tantos en que pensemos más en el futuro de nuestro medio ambiente y no en nuestra propia comodidad.

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